¿Cómo se narra en tercera persona?

Comenzamos con este post una serie que nos permitirá conocer con detalle los diferentes puntos de vista desde los que podemos contar una historia. Vamos a empezar por la narración en tercera persona, la más usada de todas.

Cuando una persona inscrita en el taller de escritura nos pregunta qué tipo de punto de vista usar al escribir un texto, se suele hablar largo y tendido sobre el más habitual: el punto de vista desde la tercera persona.

La narración en tercera persona es el tipo más usado de narración, ya que tiene muchas ventajas: la información se puede graduar y controlar como nosotros queramos a la par que tiene una alta presunción de objetividad. Su principal inconveniente es justamente éste, que un exceso de objetividad produzca sensación de frialdad y lejanía respecto a lo que acontece en el texto. Es el tipo de narración que más recomendamos practicar en el taller de escritura.

Existen varios tipos de narración en tercera persona, según el grado de conocimiento de todo lo que pasa (u omniscencia) que asumamos al narrar:

Narración omnisciente: el narrador informa de lo que pasa, ha pasado y pasará, se mueve libremente por el tiempo y el espacio, entra dentro de la mente de los personajes, sabe de sus motivaciones, hace reflexiones generales y expresa su tesis, de un modo directo o indirecto. Es el modo más habitual de la novela y un grandísimo porcentaje de obras maestras están escritas en este punto de vista. Como ejemplo, tenemos El Quijote:

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

(Miguel de Cervantes, Las aventuras de Don Quijote de la Mancha, capítulo I, Primera Parte)

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Narración limitada: Hay argumentos que demandan un punto de vista en tercera persona sin que el narrador tenga el poder absoluto del omnisciente; por ello renuncia a ciertos poderes, habitualmente para favorecer la intriga o algún personaje del texto, en especial del protagonista. El tipo más habitual de narrador limitado es aquel donde sólo entra en la mente y las reflexiones del protagonista sin entrar en el interior de los demás personajes, resaltando así la importancia del personaje central de la historia. Este tipo de narrador es muy usado en novela policíaca y de misterio, donde vamos descubriendo con el protagonista los entresijos del caso:

Jadeando aún por la carrera y sin saber que pensaría el comisario de todo esto, el sargento Arniles se detuvo. Se ajustó la correa del pantalón: últimamente estaba adelgazando demasiado, la ropa se le escurría. Pensó en que pasaría si entrase en aquel antro hostil y a la orden de “¡Policía!” todos le mirasen cariacontencidos y en ese momento se le bajaran los pantalones. Suspiró y empujó el portón oxidado, plagado de grafittis obscenos. Para su sorpresa, dentro no había casi nadie, sólo una pareja de jóvenes, tan acaramelados como ajenos al resto del mundo. “Arniles, te la han vuelto a pegar”, se dijo a sí mismo.

– Narración objetiva: Es un tipo especial de narrador limitado, consistente en narrar sólo los hechos, sin entrar en el interior de ningún personaje: intenta ser un testigo de lo que ocurre y da una excelente presunción de veracidad a lo que se cuenta así:

Jadeando aún por la carrera, el sargento Arniles se detuvo. Tomó algo de aire para entrar: se ajustó la correa del pantalón, suspiró y empujó el portón oxidado, plagado de grafittis obscenos. Dentro no había casi nadie, sólo una pareja de jóvenes, tan acaramelados como ajenos al resto del mundo. Arniles expresó su desagrado con una mueca: allí no había nada que rascar.

Artículo redactado por Augusto López, monitor de los talleres de Mitad Doble.

(Fotografía: Frase de Jorge Guillén en c/Pozos Dulces, Málaga).

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Publicado el 1 febrero, 2015 en Construcción de relatos, Técnicas narrativas y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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