Quiero escribir pero… (las cinco excusas más habituales)

diversion versus escribir

En esta entrada vamos a hablar sobre los motivos (o las excusas) que nos ponemos cuando queremos escribir y no nos ponemos a ello. Muchas personas que se inscriben en nuestros talleres de escritura nos expresan justamente esta dificultad: no exploran a conciencia su vocación literaria por causas que, en realidad, tienen una fácil solución. Tras estas justificaciones muchas veces se esconden inseguridades y miedos variados: reconocerlas e identificarlas es el primer paso para desarrollar tu talento.

Vamos con ellas:

1) Quiero escribir pero… no tengo tiempo.

falta de tiempo para escribir

Esta idea gana por goleada a las demás y está en el top de nuestro ranking. Y es que llevamos una vida muy atareada, con una agenda repleta de compromisos y obligaciones: encontrarle un hueco a escribir entre tanta tarea se nos presenta imposible. Las personas perfeccionistas y/o las que se sienten culpables de no cumplir las expectativas que se marcan suelen caer en esta justificación.

Solución: Lo primero es que no tienes que ver la escritura como una imposición más que sobrecargue tu día a día: es ante todo un momento en el que te vas a dedicar a ti mismo, un rato para disfrutar; una vez entendido esto, la solución es crear un ritual de disfrute en torno al hecho de ponerse a escribir: toma antes un baño con espuma, da un paseo por la playa, acompaña el momento de abrir el procesador de textos con un té o un café, un pedacito de tarta, una copa de vino, música que te guste… Crea tu espacio de disfrute y haz que conectar con tu interior sea una experiencia imprescindible al menos un par de veces en semana. Al principio te sentirás en una situación nueva y por tanto incómoda (puede que te sientas hasta culpable); poco a poco te irás habituando y te resultará muy placentero. Regla de oro: no escribas si no quieres, piensa sólo en ti mismo y en tus cosas; llegará el momento en que necesites expresar lo que sientes en esos momentos por escrito. Ah, no tengas prisa por obtener frutos/obras maestras en dos semanas, dale tiempo al tiempo y sobre todo, date tiempo a ti mismo.

2) Quiero escribir pero… le tengo miedo al folio en blanco.

Los latinos le llamaban el horror vacui (el miedo al vacío, a la nada) ¿Qué pongo ahora? ¿Sobre qué escribo…? Lo primero que tenemos que saber es que una justificación (o un temor justificado) muy habitual en el gremio: empezar algo siempre es complicado y a quienes escribimos nos ha pasado más de diez veces. Quienes somos de natural disperso y nos cuesta concentrarnos solemos caer en esta trampa.

miedo al folio en blanco

Solución: Prepárate para ese momento apuntando en una libreta o donde mejor te parezca ideas que te inspiren, historias a desarrollar, frases, noticias u ocurrencias que te digan algo. A Cervantes se le ocurrió el germen del Quijote cuando su mujer le presentó a un tío suyo obsesionado por las novelas de caballerías ¡nunca se le hubiera ocurrido un personaje así! Si a él le pasó, a ti también te puede pasar.

3) Quiero escribir pero… ¿no hay ya suficientes libros escritos?

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Esta justificación nace de la constatación de los cientos de libros que se publican todos los días, a los que hay que sumar los que ya se han publicado y, si queremos agobiarnos más, los que se van a publicar en el futuro. Si unimos además cierto temor al qué dirán cuando vean mi libro publicado y a la constante comparación que nos hacemos con las mentes geniales de la literatura, ya la tenemos liada.

Solución: volvamos a los latinos y a un concepto muy interesante, la traditio, que viene a decir que las personas que escribimos estamos inmersos en una corriente infinita que viene desde atrás y continuará tras nosotros en la que, tratando los mismos temas (el amor, el poder, la ambición, la generosidad) cada persona que escribe le da un punto de vista único y original desde su vivencia y su experiencia a su texto, con lo cual no sólo es recomendable que escribas, si no que además es imprescindible para que las generaciones actuales y venideras nos entiendan. Lo que escribes, sólo puedes escribirlo tú, nadie más.

 4) Quiero escribir pero… empezaré mañana.

empiezo a escribir otro dia

Probablemente, si te ves reflejado en esta justificación, tienes un alto grado de confianza en tus habilidades narrativas y la seguridad de que podrías hacer una novela que impactara en el previsible y anodino panorama editorial. Te imaginas que harán falta quinientas páginas lo menos para desarrollarte en tu máximo esplendor. ¡Qué pereza! ¿verdad?

Solución: Vale, eres una celebridad en potencia y las agencias literarias van a montar guardia en la puerta de tu casa, pero deberías de empezar por ponerte metas más realistas y concretas y acorde con el esfuerzo que puedes realizar en la actualidad. No intentes acelerar de cero a cien, probablemente vas a descubrir que el oficio de escribir es algo que se cuece a fuego lento (no todos somos como John Kennedy Toole) y que quizás te digan que tienes que mejorar esto o lo otro: es decir, bienvenido al mundo real.

5) Quiero escribir pero… me gusta pasármelo bien.

Variante lúdica de la excusa anterior, si eres poseedor de la misma has de saber que vienes de casta muy noble: Marcel Proust, uno de los mejores narradores de la historia, sufría de ella, hasta tal punto que llamó a su obra cumbre En busca del tiempo perdido. Bien, pues si él hizo siete tochacos como Dios y el premio Goncourt mandan, tú también puedes. Deja de aparentar, tras esas ganas de juerga infinitas se esconde una persona trabajadora hasta la extenuación.

excusas para no escribir

Solución: Este caso es una especie de huida hacia adelante para no conectar con uno mismo; se lo pasa uno tan bien en la escapada que lo demás le trae sin cuidado. Es una lástima, porque he conocido a personas muy prometedoras que se pasan los días (bueno, sobre todo, las noches) sin llenar siquiera una página. Hay que hacer acopio de fuerza de voluntad para dejar la fiesta y presentarse en las mismas diciendo “sí, me encanta escribir” para ponerse delante del ordenador en madrugadas solitarias… pero si se quiere, se puede. Y si no quieres, invítame a una copa la próxima vez que nos veamos ¿vale?

Artículo redactado por Augusto López, monitor de los talleres de escritura creativa de Mitad Doble.

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Publicado el 23 abril, 2015 en Blog, Técnicas narrativas. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Uso las cinco continua y hasta simultáneamente

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