La corrección en el proceso de edición

Puede decirse que el corrector es quien realiza el control de calidad de un texto antes de publicarse.

Hay varios tipos de corrección, que a su vez se efectúan en distintos momentos del proceso de edición.

Antes de la maquetación, deben hacerse las correcciones de traducción y contenido (cuando corresponda), así como la de estilo. Después llega el momento de corregir el texto en cuanto a la ortotipografía y la gramática, además de identificar y subsanar los errores de maquetación.

Corrección de traducción: se comprueba la fidelidad a la obra original, por un traductor distinto al inicial.

Corrección de contenido: suele realizarse en libros de texto y obras especializadas, por un experto en el tema, asignatura, etc.

Corrección de estilo: se revisa el texto para que sea coherente y esté bien expresado y estructurado, siempre teniendo en mente al lector final. Es fundamental realizar esta corrección antes de pasar a la de primeras pruebas.

Corrección de primeras pruebas o galeradas: engloba la ortotipografía, la gramática y la maquetación. A menudo se hace sobre el papel. Aparte de enmendar errores que hayan podido mantenerse tras la corrección de estilo, también sirve para unificar usos diacríticos, eliminar alternancias en la redacción, etc. Después se realiza la corrección de segundas pruebas, para comprobar que los cambios se han introducido debidamente, sin generar nuevos errores.

Marcas corrección primeras pruebas

A partir de aquí se pasa a la revisión de ferros digitales y a la corrección de color, responsabilidad del editor y del equipo artístico y de fabricación.

Cabe señalar que la corrección es igualmente necesaria en otros ámbitos: publicidad, organismos públicos, empresas de formación, periódicos y revistas, webs, blogs, redes sociales… En la actualidad muchas entidades prescinden del corrector por motivos económicos, lo cual provoca un empeoramiento no solo de los textos, sino también de la imagen de estas empresas, y a la larga un empobrecimiento de nuestro propio lenguaje. Asimismo, los autores suelen recurrir a amigos o conocidos para que revisen sus obras y les hagan sugerencias sobre ellas, pero esto por sí solo nunca podrá sustituir la labor de un corrector profesional.

En un mundo tan competitivo, merece la pena invertir en excelencia como signo de distinción de nuestro trabajo. Utilizar los servicios de un corrector es hacer una declaración de amor al idioma y fomentar su buen uso por parte de todos.

Artículo redactado por Laura Cerezo

Publicado el 26 mayo, 2015 en Blog, Corrección y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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