Lo peor está por llegar, de Laura R.S.

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Debería haber parado hacía una hora, hacía dos noches o tres semanas pero la realidad es que no podía, sin expectativa alguna de continuar con la vida tal y como la había conocido anteriormente, a esas alturas del apocalipsis sólo podía escribir, ni si quiera era por voluntad propia, la palabra estaba siendo poseída por inspiración, la misma violaba a su mente en cuanto pretendía hacer otra cosa y el sistema nervioso se encargaba, por orden del cerebro, de accionar brazos y manos para que “machacaran” las teclas del ordenador.

¿Tenía aquello algún sentido en esos momentos? Rebotaba esa frase entre los versos que iba desarrollando. En realidad, no se lo encontraba ya que la mayor parte de la población planetaria estaba muerta.

Aquel virus había avanzado mucho más rápido que cualquier idea de salvación mundial por parte de la comunidad científica y los gobiernos. Quizá era justo eso, la situación actual había conseguido que ella se olvidara del miedo, nadie podría juzgarla a través de sus textos además era imposible asustar a otrxs más de lo que se asustaban a sí mismxs.

El virus se había extendido, en un primer momento, biosintetizado como partícula del átomo presente en los fotones que se desprendían de la pantalla de la televisión, así había sido directamente enviado a la zona del inconsciente del cerebro humano, donde se convertía por un proceso natural en un componente químico orgánico que nunca llegó a ser identificado pero que al parecer, según los acontecimientos derivados, nuestras neuronas tenían gran capacidad para recibir, sintetizar y enviar a la sangre con gran efectividad y total desconocimiento de causa. El plan habría sido perfectamente trazado, estos fotones con inteligencia artificial habían sido lanzados un viernes por la noche en cadenas de países de todo el planeta en programas con récord en target, asi que mientras pretenciosos y bulímicos personajes desfilaban ante las narices de medio mundo las personas se iban infectando, unas horas después sus cerebros estaban literalmente podridos y sentían un hambre irrefrenable por las vísceras de cualquier vida sana que estuviese en un radio de 3 kilómetros. El virus tenía capacidad para mutar y sus vías de trasmisión eran saliva, mocos, pus, sangre, semén y flujo vaginal. En cuestión de unos meses, la población mundial se vio diezmada radicalmente.

Así y todo, allí estaba ella medio desnuda a causa del calor, tecleando frenéticamente mientras respiraba del humo sagrado, sus ojos agotados fueron a caer justo encima de una botella casi vacía de Jack Daniel’s y se le ocurrió una idea para hacer honor a los recuerdos sobre los que estaba escribiendo en un texto recientemente titulado: “Tejados, magia y otras musas disponibles”. Cogió la botella y una pequeña escopeta con una mano, el ordenador portátil con la otra, subió al desván, en el centro del mismo tiró de una cuerda que colgaba del falso techo y se desplegó una escalera vieja e inestable, subió por ella y llegó hasta el tejado. Desde allí podían contarse unos 15 cuerpos vivos pero sin vida, estaban muertos biológicamente pero seguían sintiendo ese ansía por vísceras frescas, todos ellos habían sido mutilados violentamente o atrapados de alguna forma, por esto y por la falta de comida que los iba debilitando poco a poco apenas podían moverse.

Nuestra protagonista ni reparó en los zombies, ya los tenía más que vistos y a algunos los había conocido en vida pues compartían vecindario, con gusto les habría regalado una bala de 10 cm de diámetro en mitad de la cabeza pero desperdiciar balas de esa forma podría suponer su muerte o la ausencia de la misma y era un asunto para el cual todavía no tenía solución, básicamente se debatía entre continuar alimentando la esperanza o simplemente perderla del todo.

Apoyó el ordenador portátil, le dio dos grandes tragos a la botella no sin la gesticulación pertinente, llenó de aire el pecho y dirigiéndose a su público comenzó: “Si los tejados hablasen podrían hablarnos sobre lo que el suelo no entiende, ya sabes, el vuelo de los pájaros, la cadencia en la metamorfosis de las nubes, la lucha de las chimeneas porque el humo expire, la absurda sensación de cercanía con el horizonte. Los tejados podrían descifrarnos las fórmulas secretas de estas magias y sus símiles. Sube y deja que la luz te cubra, nos encontrará danzando sobre los tejados en Luna nueva o cantando bajo el Sol de mediodía. Los astros, cada cual con su energía, sabrán cómo impulsarte más arriba y más arriba, por encima de los tejados, te estoy contemplando haciendo gala de una armoniosa Libertad, ¿los ves tú, ahora? Con distintas formas, diferentes colores, algunos son para echarlos en falta; como aquel desde el que esperábamos con ansía…”

Entonces un quejido grave y penetrante comenzó a acercarse por el fondo de la calle, ella ya sabía qué estaba sucediendo pero deseaba simplemente anular el ruido que vociferaba el muerto viviente y continúo elevando el volumen de su voz.

“…algunos son para echarlos en falta como aquel desde el que esperábamos con ansía ver al atardecer colarse entre las Islas Cíes, contando los segundos con los dedos siempre nos faltaban segundos para contar por deleitarnos con un momento tan efímero, tan fugaz. (…)”

Ahora mismo el zombie ya estaba a lado de la casa y buscaba la manera de hacer caer a la chica tirándole piedras, palos y otros objetos que encontraba por el suelo. Al parecer, éste estaba en plenas condiciones, probablemente acababa de comer hacía muy poco. Ella prosiguió sumida en la lectura y embriagada ya por el whisky mientras con su mano derecha sujetaba la escopeta, sin percibir que algo sucedía en los otros cuerpos en descomposición que comenzaban a despertarse.

“(…) Merecieron todas las esperas porque sin saberlo aprendimos desde allí arriba a disfrutar del proceso que conlleva el Arte de amar que entre caricias y suspiros te hace olvidar la expectativa de un final. De otra forma no sé qué podría significar placer o crear poesía.”

Separó la mirada de la pantalla y “¡BANG!” el atronador sonido retumbó en el barrio entero, vacío sus pulmones de aire, en una exhalación que emanaba pura resignación, el disparo había sido certero y el cuerpo del zombie descansaba en el suelo con la cabeza destrozada. Todavía se impresionaba de la destreza que había adquirido en pocos meses cuando antes del virus no había pensado en si quiera empuñar un arma de fuego.

Cuando el eco del disparo se disipó, comenzó a apreciar lo que estaba ocurriendo a su alrededor, los 15 cuerpos que conformaban su público estaban, repentinamente, despiertos, no lo comprendía, al observar el cuerpo de su vecino de en frente, que estaba atrapado por la ventana de su propia casa observó claramente cómo le clavaba la mirada en sus ojos y eso no era lo más extraño lo que le dejó la sangre fría, lo que la aterrorizó fue que la mirada de ese zombie no era como la de los demás, era la mirada de un ser vivo. De un salto cogío las cosas y con otro se coló por el hueco de la escalera, a toda prisa la plegó de nuevo y corrío hasta su cuarto, respiraba demasiado deprisa, no entendía qué estaba pasando, “tendría que volver a reforzar la seguridad en la casa -pensó-, volver a dormir por turnos de dos horas, tendría que… que…” le dio un gran trago a la botella con intención de que eso la calmara y se dejo caer a plomo sobre la cama, mentalmente repasaba lo que había sucedido allí arriba tratando de dar con la clave que había propiciado ese inesperado despertar…

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Publicado el 28 abril, 2016 en Textos de alumnas/os y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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