Pez luminoso, de Miriam Aparicio

15177aplm2l4sz3-1_(Psychedelic)

Habían empezado a colarse los primeros rayos. Pez Luminoso pensó en pasearse por las brisas de mar; para darle chispa al viaje, decidió jugar a las descripciones fusionando los cinco sentidos. Le parecía interesante ese arte de mezclar la vista con el oído o el tacto con el gusto y el olfato. Pez Luminoso vivía en un mar azul de rincones encantadores para perderse y olvidarse de la realidad.

¡Empecemos!” – gritó emocionado.

Emprendió su camino con los sentidos como girasoles en búsqueda de su sol.

Hoy es un día amarillo cálido -se decía Pez Luminoso-, las altas temperaturas de verano se palpan sonoras. Diviso una familia de rapes esponjosos; a su alrededor, pequeños peces con bocas azul marino y cabezas verde pepino, se mueven a una velocidad gustosa, giros limpios y centímetros de agua alcanzados en un tiempo récord. No consigo atraparlos, se fueron y solo los rapes mullidos disfrutan de su paseo silencioso.”

Sigo avanzando y… ¡Oh! ¿Qué escuchan mis orejas femeninas? Música ardiente de un concierto de caracolas marinas que me despierta el amor rojo en mi corazón de fresa para mi querida Rosa Rosada. Enamorado me tiene. Su imagen me provoca suspiros brillantes y palpitaciones chispeantes ante su cola de abanico ondulada. Ay… ¿quién pudiera volver a rozar esas aletas perfumadas? Dulce mirada y sonrisa perfilada, yo me derrito ante tus palabras. ¿Dónde estará Rosa Rosada?

A mi derecha un campeonato de caballitos de mar, esbeltos y estirados, esperan en la línea de salida. De repente, una trompeta estresada suena histéricamente y los caballitos atléticos arrancan como si no hubiera un mañana avispado. El agua frágil se mueve de un a lado a otro y un remolino terco me absorbe hacia sus adentros y giro y giro como una peonza alborotada. Consigo frenar la lavadora marítima necesitando un minuto para estabilizar mi mente de batidora. Cuando recupero mi equilibrio azul, me topo con un ligero sonido de melodías negras y letras duras. Un grupo de peces mandarines y camarones mantis llevan colgantes ácidos y pañuelos agresivos en la cabeza. Rapean y batallan mostrando su lado más salvaje en el callejón masculino número siete gris. Mejor me desvío por el diez naranja para tomar la salida de la doce lila.

Mis ojos festivos siguen observando rincones fantásticos y el cruce de cables me divierte muchísimo. Ya he llegado a mi punto de partida y veo mi casa de aroma tropical. Por la entrañable ventana aparece mi madre, abriendo el horno. Prepara galletas abrazables, esas que tanto me gustan. Es morderlas y viajar en una nube de azúcar al cielo celestial. Entro a mi hogar inocente y recibo una noticia: me acaban de regalar una tarde jamón jamón. Hoy bajo al infierno jovial en un Ferrari rojo, Rosa Rosada viene a merendar galletas luminosas.”

Y es así como nuestro protagonista cerró su juego cándido de curiosear un ingenioso lío de sentidos, para decidir empezar un recreo más tórrido y ardiente.

Anuncios

Publicado el 2 mayo, 2016 en Textos de alumnas/os y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: