Tu jardín, de Miriam Aparicio

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Sal de ahí, de esa oscuridad en la que te escondes. Hay un jardín vivo y de luz de colores que te acompañará. Te guiará y te protegerá desde el amor y la ternura: la cueva aísla del exterior y los días pasan respirando a medio pulmón.

El negro te engaña y jugando con su matiz atrapa adeptos confundidos. Levanta, deja tu hogar de pena y abandona las pinturas de música en las paredes rocosas, recoge tus enseres en un saco y vayamos al jardín.

En este saco de tela dura y roto caben los recuerdos que te llevaron a la cueva. Construiste tu altar de las oraciones del desamparo que te ayudaban a creer que con la protección de tu interior nadie conseguiría herirte. Esa convicción te ha resguardado de los sentimientos y de la mitad de las vivencias haciéndote creer que así llegarías a tu triunfo sano y salvo.

Pero te perdiste la plena conciencia de los regalos de la vida: los aprendizajes que te ofrecen los disgustos, los escondiste. El dolor te enfundó en un traje de malla de hierro con un escudo y una espada colgada a la espalda. El ataque y la defensa es un viejo mito, la mejor estrategia de supervivencia y éxito.

Deja el saco a la entrada del jardín y desnúdate de tu ropa oscura. Camina sobre la hierba fresca sintiendo el contacto de la planta de tus pies mientras hueles a naturaleza. Escucha el silencio celeste. El vuelo de los pájaros y la libertad del viento que invita a un esperado baile de hojas acompañado del agua de un riachuelo.

Cierra los ojos, un cordón dorado y resistente desciende desde la unión de tus dos caderas hasta el centro de la tierra. Un lugar energético con mucha fuerza que te arraiga al vigor de la tierra madre, te forja de seguridad en tu estancia en esta vida. Deja caer un sol dorado sobre ti lleno de energía y protección que te cubre desde la cabeza hasta veinte centímetros por debajo de tus pies. El cordón y el sol te mantendrán en tu centro lleno de amor y calma proyectándote a la vida con el poder de mantenerte en el jardín llueva, truene o reluzca el sol.

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Publicado el 4 mayo, 2016 en Textos de alumnas/os y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. qué bonito texto! Podría ser fácilmente el itinerario de una meditación. 🙂

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