El ladrón vigilado, de Pilar Valderrama

estanco

-¡Alto! Deténgase. No se mueva o disparo. ¡Ponga las manos en alto! Y ahora, muy despacio dé la vuelta, y sin hacer ningún movimiento brusco deje el arma sobre el mostrador. ¡Ramiro!
-¡Si, mi sargento!
-Coja la pistola y quítele eso que le cubre la cara. Y usted no se mueva que le estoy apuntando. Ramiro ¿Que huele tan mal? ¿Qué tiene pegado ese individuo a la nariz?

Momentos antes, el sargento Figueroa y el cabo Ramiro escucharon por radio que se estaba produciendo un 044 en el estanco de la calle San Patricio.
-¡Vamos cabo, eso está ahí al lado!

Llegaron al establecimiento, y con cuidado de no ser vistos se acercaron a la puerta. Era de cristal y tras ella pendían unas cortinas de tiras de tubitos de plástico naranja. En el centro, algunas de las tiras se habían quedado enganchadas en el cartel de “cerrado” dejando una rendija a través de la cual se podía ver el interior. Vieron a un sujeto apuntando con un arma a una mujer que se encontraba detrás del mostrador, posiblemente sería la esposa del estanquero.

-Mi sargento, está claro que es un presunto ladrón que intenta robar. Lo peor es que si dispara seguro que no falla.
-Si, Ramiro, es impresionante, la veo y no me hacen falta las gafas, que por cierto las he olvidado en el coche.
-Yo tenía una prima más o menos como ella, pesaba 155 kg., pero murió el año pasado.
-Vamos Ramiro, dejemos eso para después. Acérquese usted y cuénteme lo que pasa, tenemos que estar seguros de a qué nos enfrentamos.
-Un momento mi sargento, el individuo se ha dado cuenta de que hay una cámara de vigilancia frente a él e intenta taparse el rostro con una mano. Parece muy cabreado, no para de extender y encoger el brazo acercándole la pistola a la estanquera. Creo que le está pidiendo que abra la caja.
-¿Y la mujer que hace?
-Tiene los ojos cerrados y se tapa las orejas con las manos. ¿Quiere mirar usted?
-No no, siga siga, no distingo muy bien, me tengo que operar de cataratas. Cuénteme: ¿Qué pasa ahora?
-El tipo está saltando. No para de saltar, intenta darle con la pistola a la cámara, pero no llega.
-Pero si ya lo habrán grabado. Ese no sabe que lo que tiene que hacer es destruir la cinta.
-Se ha cambiado la pistola de mano y lo está intentando lanzando las chucherías del mostrador.
-¿Le ha dado?
-No. Tiene muy mala puntería.
-Ramiro, la estanquera. ¿Qué pasa con ella?
-¡Uff! El tipo le acaba de dar con una bolsa de cacahuetes en la cara. La verdad es que no se estaba quieta.
-¿Está bien?
-¿Quién?
-La mujer.
-Sí, ahora parece más tranquila, ha abierto los ojos y están hablando.
-¿Puede entender algo de lo que dicen? Algunas personas leen los labios.

El cabo no contesta.

-¡Cabo! ¡Ramiro! Dígame qué está pasando.
-Se ha quitado las bragas.
-¿Está usted seguro?
-Y ahora, el presunto se las está poniendo en la cabeza. Mi sargento, esto se está poniendo muy feo.
-Está bien Ramiro, es hora de actuar. ¡Apártese! Cuando cuente tres le da una patada a la puerta y entramos.
-¡A la orden!

En las noticias de la doce:
Esta misma mañana ha habido un intento de robo a punta de pistola en el estanco de la calle San Patricio. Una pareja de guardias civiles que se hallaba en los alrededores ha apresado al ladrón. Afortunadamente sólo ha habido daños materiales, aunque la esposa del estanquero está siendo tratada en el centro de salud por problemas estomacales debido a un fuerte estrés durante el incidente.

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Publicado el 31 mayo, 2016 en Blog, Textos de alumnas/os y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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