Ana Gómez Perea

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“—¿No oyes? La Reina está llorando.
—Es cierto—dijo él—. Ve a ver qué le ocurre y si no es grave consuélala y si lo es, ven a llamarme e iremos en su ayuda.”
—No hay nada que hacer— le dijo a su vuelta. Ha echado a todas las damas de
compañía de su cohorte. Las pobres llevan dos días desconcertadas, pululando
como enjambres alrededor de sus aposentos. Antes de echarlas, pidió que
retiraran todas las reservas de jalea real. Ya es el segundo día que no ingiere ningún tipo de alimento y se pasea por la habitación a voz en grito diciendo que está harta de la vida marcial que lleva, que se niega a seguir sirviendo a zánganos que lo único que buscan es fecundarla para  perpetuar la especie; reniega de su condición de reina, dice que no seguirá generando feromonas, y que sea otra quien cuide de los huevos.
— ¿Y eso es todo?
—No, también se ha puesto un piercing.”

Textos
Tren de lejanía
Paranoia en pez

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  1. Genial. Y el final me encanta.

    Enhorabuena!

    Antonio Luis

    Me gusta

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