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Visita de Jośe Antonio Sau al taller de escritura

El pasado 31 de octubre el escritor y periodista Jośe Antonio Sau ofreció una charla a las alumnas y alumnos del taller de escritura Mitad Doble, que versó sobre su trayectoria literaria y trató en profundidad temas como la estructura y composición del relato (del que es un gran especialista), el género negro y la situación actual del panorama literario.

En este pequeña muestra, podéis ver cómo al final de la charla nos leyó uno de los relatos de su libro La chica de los ojos manga.

Muchas gracias, José Antonio por compartir tu talento y dotes de comunicación. Fue un placer estar contigo 🙂

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Yolanda Hernández

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Convencida de que la imaginación es el hilo conductor entre la realidad y nuestros sueños, uso la lectura para vivir otras vidas y la escritura para ordenar mis ideas.

Textos

Tango con mi sombra

Tango con mi sombra, de Yolanda Hernández

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Foto de Amelia de los Ríos

Aún conservo mi sombra, he perdido tantas cosas en el camino, pero aún la tengo a ella. Me sigue a todas partes; a veces, audaz o juguetona, me adelanta.  Me recuerda quien soy, no cambia aunque yo lo haga, mantiene su forma y color aunque yo ensanche o encanezca. Es mi norte. Es mi sur en las noches de verano en las que, insistente, me saca a pasear.
Ella siempre sabe. Sabe por dónde es cuando yo no sé seguir. Es mi brújula. He perdido tantas batallas, pero mi sombra sigue conmigo, imperturbable, al final de cada una. Me cuenta, sólida, con su figura oscura y bien recortada, que no importa perder una escaramuza, porque la contienda va bien haciendo un cómputo general. Es eficiente, no se distrae, nunca se cansa.
Aún tengo a mi sombra. Juntas, somos fuertes, sola no podría. Ella es la bandera de la caótica y tibia república que es mi identidad. Creedme, cuando estoy contenta, se torna en colores irisados. Ella y yo, aún la tengo.
Es mi puerto, mi mínimo refugio, a ella anclo mis naves cuando la tormenta acecha.
Se ríe conmigo, y de mí, y yo de ella. Nadie entiende mi humor como ella, lleva tanto a mi lado…
Es mi escudo, sabe parar infalible, las flechas de los egoístas, de los furiosos, de los sobrados, de los lobos con piel de cordero, de los demasiado políticamente correctos, de los que van de libres escondiendo sus miserias bajo una fina capa de suficiencia. Me defiende como una leona criando.
Mi sombra, por suerte, aún la llevo. Me gusta cuando baila conmigo, siempre logra que sus movimientos sean más gráciles que mis torpes giros. Me anima a seguir, ejemplo único de constancia.
Cuando todo falla la tengo a ella. Hasta la he oído cantarme nanas en mis insomnios. Es sabia consejera, siempre tiene la respuesta a mis dudas que son tantas…
Ella es bálsamo cuando me duele la vida. Sospecho que duerme conmigo y se lo agradezco en las noches oscuras en las que la mente hace círculos concéntricos con cavilaciones inútiles.
Creedme, hay laberintos de los que sólo ella sabe sacarme y lugares ignotos e invisibles a los que sólo ella me sabe llevar.
Hay paraísos que aún no he perdido qué sólo ella sabe dónde están.
Es mi perro guía, sería un despropósito, una temeridad, caminar sin ella.
Si un día la memoria me falla, volveré la mirada hacia mi espalda y al verla, sabré quién soy, quién solía ser y quién sigo siendo.
Sólo espero que me acompañe hasta el último día.
Mi sombra, mi leal compañera.

Fernando Díaz Mondragón

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Malagueño de nacimiento con alma bereber. Lector incansable e incurable. Se inicia en el arte de escribir, a pesar de su timidez, creando textos que reflejan su agudo sentido del humor “negro/sangre”. Su mayor ilusión es patearse el mundo antes de que el mundo lo patee a él.

Textos

La rave de las Calaveras

 

 

La rave de las Calaveras, de Fernando Díaz Mondragón

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La noche cae sobre el camposanto de San Genaro. El olor de los crisantemos y las lilas inunda el ambiente, cálido todavía para esa época del año.

Es 2 de noviembre, Día de los Muertos: la rave de las Calaveras. Los difuntos, vestidos con sus mejores andrajos, se preparan para su gran fiesta anual. En cada nicho, fuegos fatuos psicodélicos animan el ambiente; música por todos lados, rock cacofónico y death metal a punta pala. Todo es fiesta y desparrame en el cementerio.

Avelino lleva su mortaja recién estrenada. Él hubiera preferido el lino, más elegante y con una mejor caída, en vez de la muselina morena. No haber estado atento a la letra pequeña de su póliza de seguro le obligará a llevar este traje en los próximos años. “Una vez más tenía razón mi madre”, piensa: “hay cosas en las que no merece la pena escatimar. Lo barato, al final, sale caro o decepciona…”. Es su primera fiesta, y el olor envolvente de las flores, la música y el bullicio hacen que la consideración sobre su aspecto pase a un segundo plano. Siguiendo las indicaciones de los luminosos, se dirige al Mausoleum Pub, el último bar de moda en el cementerio.

—¿Qué le pongo? —pregunta el camarero con aire circunspecto, mientras con la bayeta saca brillo a un vaso de tubo.

Avelino, siempre indeciso en situaciones cotidianas como esta, echa un rápido vistazo a la carta. Lo cierto es que nunca le ha gustado beber solo; pero su nueva vida impone nuevas costumbres. Repasa la lista de bebidas, su cerveza favorita no está entre ellas. Lo piensa un instante y finalmente se decide:

—Un sirope de pus con hielo, con dos cubitos nada más; movido, no agitado, como diría James Bond. Y no muy cargadito, que la noche es larga y estoy desentrenado.

Mientras el camarero maniobra con destreza, sin prisa, para preparar su bebida, Avelino pasea su mirada por el bar. Algunos solitarios, de aspecto tristón para estar de fiesta, con la única compañía de sus vasos. La música suena algo estridente para su gusto. Aquella pareja del fondo, y ese otro grupo de amigos que charlan animadamente… De repente, en una esquina de la barra, como si un poderoso imán le atrajera, ve a la mujer de su vida, ¿o sería mejor decir de su muerte?… Se ve que lleva poco tiempo muerta, como él. La poca piel que aún le queda tuvo que ser suave y blanca, claro que ahora lo es todavía más. Su cara, bueno, lo que queda de ella le resulta familiar. Sin más dilación, con paso lento y seguro, se acerca y le pregunta con aplomo:

—Perdona, ¿nos conocemos?
—No sé, ahora que lo dices, tu cara me suena; pero la verdad es que no recuerdo de qué.
—¿Por casualidad tú viajabas en el avión de Málaga a Barcelona el día 20 de septiembre?
—Sí.
—No te preocupes, el sufrimiento ya está olvidado.

Radio relato: Oronchitos, de Amor de Pablo

Volvemos con un audio relato en nuestra sección dentro del programa “Málaga al día” en la emisora de radio Onda Azul. En esta ocasión, con un relato de la escritora Amor de Pablo. Con la voz de Laura Cerezo y la grabación de Celia Bermejo.

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Radio relato: Las mujeres que fui, de Jonatan Santos

Volvemos con un audio relato en nuestra sección dentro del programa “Málaga al día” en la emisora de radio Onda Azul. En esta ocasión, con un relato del escritor Jonatan Santos. Con la voz de Laura Cerezo y la grabación de Celia Bermejo.

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Píldoras musicales (II) – No necesito tu polla para follar: Kathleen Hanna y Bikini Kill

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Bikini Kill actuando en Washington D. C. el 16/11/91 (foto de Brad Sigal).

Kathleen Hanna nace en 1968 en Portland. Debido al trabajo de su padre, pasa su infancia y adolescencia mudándose cada dos o tres años por toda la costa oeste estadounidense. A finales de los ochenta, se matricula en Fotografía en la universidad de Evergreen State College, Olympia.

Sus primeras experiencias con la escritura estaban dirigidas a performances de spoken word en cafeterías y pubs universitarios. Centraba sus textos en las frustraciones y experiencias desagradables que sus amigas y ella misma habían sufrido por el simple hecho de ser mujeres.

Hanna contaría años más tarde en el documental The Punk Singer (Siri Anderson, 2013): Una noche, mientras trabajaba en el laboratorio de la facultad, mi mejor amiga y compañera de piso fue asaltada en nuestra propia casa. Ella dormía en su habitación del piso superior cuando, de repente, se despierta y allí está él, de pie, en la puerta. La agarra por el cuello y la arrastra escaleras abajo, mientras le dice cosas como “Voy a violarte y luego te mataré”. Ella era una gran músico; de hecho, estaba escribiendo su primera sinfonía por aquel entonces. Y me dijo que, mientras era arrastada, pensó: “Tengo que acabar mi puta sinfonía”. Así que se giró con fuerza, consiguió empujarle y pudo salir corriendo. Cuando llegué a casa, la encontré asustada y llena de magulladuras. Y yo no podía parar de pensar: tengo que asegurarme de que esto no vuelva a suceder. […] Tuve que tomar lo que le había pasado a mi amiga y plasmarlo en mi trabajo. No podía simplemente dejarlo pasar, era totalmente imposible dejarlo pasar.

Cuando la escritora experimental Kathy Acker imparte un curso de escritura en su facultad, Hanna decide acudir. Allí, Acker le pregunta:
– ¿Por qué quieres escribir?
– Porque nadie, en toda mi vida, ha querido escucharme. Y tengo tantas cosas que decir…
– ¿Y por qué te dedicas al spoken word? Nadie va a sesiones de spoken word, la gente va a los conciertos. Deberías formar una banda.

Y así nace Bikini Kill, en la mejor ciudad y el mejor momento posibles.

A finales de los ochenta, una gran minoría de adolescentes estadounidenses, formada en su mayor parte por universitarios y estudiantes de arte, no se identificaba con el hard rock ni el heavy metal del momento. Aunque respetaban a las bandas que durante los setenta habían formado parte del nacimiento del rock duro (Led Zeppelin, Black Sabbath, AC/DC…), pensaban que grupos de nueva hornada como Bon Jovi, Guns N’ Roses o Motley Crüe estaban banalizando el estilo, exagerando sus clichés y desactivando sus valores contraculturales. Dicho de otro modo: el rock duro ya era mainstream.

En Olympia y su ciudad costera vecina, Seattle, numerosas bandas de jóvenes que empiezan a ensayar tienen como referentes a todo el punk nortamericano (The Stooges, Black Flag, Minor Threat, Dead Kennedys) y a esos grupos de rock alternativo, completamente fuera de los circuitos comerciales, que están editando sus primeros discos (aunque ahora el Surfer Rosa de los Pixies o los primeros discos de Sonic Youth se consideran obras maestras, en su momento fueron recibidos con frialdad por los grandes medios). Esta nueva sensibilidad punk rock irá colonizando las escenas independientes de todo Estados Unidos, hasta llegar a la costa este. Algunas de esas nuevas bandas se enmarcarán en el punk y el harcore: Fugazi, No Use for A Name, The Nation of Ulysses, Rancid, Refused. Otras pivotarán entre las referencias mencionadas, dando lugar a un nuevo estilo bastante heterodoxo que ha pasado a la historia como grunge: Nirvana, Soundgarden o Pearl Jam.

En el punk, el fondo siempre está por encima de la forma. Si tienes algo interesante que decir, aprende tres acordes, enchufa la guitarra, sube el volumen y escupe tu mensaje. En ese contexto de libertad sin complejos, multitud de chicas encuentran un espacio en el que construir un discurso propio. Como los trabajos de temática feminista que presentaban para sus asignaturas eran rechazados continuamente, se ven obligadas a exponer en galerías de arte y diversos pubs. Todo ello irá formando poco a poco una comunidad muy fuerte: el Riot Grrrl. El movimiento nace de la filosofía punk, pero toma como referentes a las mujeres que habían conseguido hacerse un lugar en la música, el arte o el activismo político: desde Kate Millett a Patty Smith, pasando por Joan Jett y sus Runaways. Querían sentirse incluidas, querían contar las historias desde su punto de vista, querían tener la posibilidad de decidir cómo producir su arte y qué decir con él. El problema: nos encontramos en plena era Reagan. Los ochenta está siendo una década fuertemente conservadora, donde el papel de la mujer se ha ido sexualizando brutalmente en publicidad, televisión y cine. Además, la Segunda Ola del feminismo había perdido fuerza debido a las polémicas entre sus diferentes secciones, que se enfrentaban en intensos debates sobre el papel de la mujer en cuestiones complejas como la pornografía o la transexualidad.

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Hanna en una actuación durante el 2000 en el CBGB Lounge de New Jersey.

El Riot Grrrl supuso un soplo de aire fresco para la renovación que conocemos hoy como la Tercera Ola del Feminismo, y Bikini Kill fue el grupo que se convirtió en estandarte musical del movimiento. Kathleen Hanna cantaba con las venas del cuello hinchadas, enojada a la vez que cercana y cómplice, siendo consciente de que el mensaje tenía que ser claro, directo y fuerte. Las Bikini estaban totalmente en contra del pogo: les parecía una idiotez violenta siempre realizada por hombres, algo que haces cuando en realidad la música te interesa menos de lo que crees. Así que Hanna dejaba de cantar en cuanto empezaba a ver chicos saltando, los insultaba y los obligaba a alejarse hacia el fondo del local. Pedía a las chicas que se acercasen a las primeras filas, que dejasen de ser la novia acompañante o la chica del grupo de amigos y se convirtiesen en parte activa de lo que estaba sucediendo. Y lo que sucedía era un concierto de punk en el que Kathleen podía, al fin, hablar de todas esas cosas que tenía que decir y nunca nadie había querido escuchar.

Demirep (un arcaísmo que denominaba a las mujeres cuya castidad estaba en entredicho) es una canción que ni siquiera llega a los tres minutos, y encima se permite una larga introducción en la que la banda juega a cantar una canción infantil dando palmas. Hasta que entra la distorsión y Bikini Kill hace lo suyo:

Perdona si estoy engordando,
si no puedo estar siempre contenta para ti,
si no soy una de esas chicas de la hermandad
que te coge de la mano y te presenta a su papá. […]
Coges lo que quieres y obtienes lo que coges.
Pero yo tengo algo, tío, que tu puto dinero no puede comprar. […]
Quieres cogerlo pero no lo puedes tener.
No sabes lo que significa estar vivo. […]
Si quisiera, podría gritar la verdad a través de tus mentiras.
Pero tu navaja de afeitar talla tus iniciales ensangrentadas en mis muslos.

En el relato oficial del rock, Kathleen Hanna aparece como una simple nota a pie de página: era la amiga de Kurt Cobain que escribió en una pared la frase Kurt Smells Like Teen Spirit, de donde Cobain tomaría el nombre para la canción de Nirvana. Sin embargo, Bikini Kill tiene un mensaje poderoso y una fuerza musical arrolladora. Ante la actitud actual de muchos “amantes del rock”, tan encantados de conocerse, interesados solo en contar anécdotas que revaloricen su mitología y poco amigos de cuestionar su canon para no tener que enfrentarse al hecho de que el tiempo pasa y nunca fuimos perfectos (sí, Rock FM, te estoy mirando a ti), tenemos a cientos de artistas esperando nuestra atención para que nos canten (o griten, y Kathleen Hanna es la cantante punk que mejor grita) la complejidad detrás de las mentiras que nos contamos cada día.

(El título del post es un verso de Don’t need you)

Radio relato: De una cabeza en una cornisa, de Bernardino Contreras

Volvemos con un audio relato en nuestra sección dentro del programa “Málaga al día” en la emisora de radio Onda Azul. En esta ocasión, con un relato del escritor Bernardino Contreras. Con la voz de Laura Cerezo y la grabación de Celia Bermejo.

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Radio relato: Sintonizando, de Carmen Ventura

Volvemos con un audio relato en nuestra sección dentro del programa “Málaga al día” en la emisora de radio Onda Azul. En esta ocasión, con un relato de la escritora Carmen Ventura. Con la voz de Laura Cerezo y la grabación de Celia Bermejo.

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