Archivo de la categoría: Textos de alumnas/os

El ladrón vigilado, de Pilar Valderrama

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-¡Alto! Deténgase. No se mueva o disparo. ¡Ponga las manos en alto! Y ahora, muy despacio dé la vuelta, y sin hacer ningún movimiento brusco deje el arma sobre el mostrador. ¡Ramiro!
-¡Si, mi sargento!
-Coja la pistola y quítele eso que le cubre la cara. Y usted no se mueva que le estoy apuntando. Ramiro ¿Que huele tan mal? ¿Qué tiene pegado ese individuo a la nariz?

Momentos antes, el sargento Figueroa y el cabo Ramiro escucharon por radio que se estaba produciendo un 044 en el estanco de la calle San Patricio.
-¡Vamos cabo, eso está ahí al lado!

Llegaron al establecimiento, y con cuidado de no ser vistos se acercaron a la puerta. Era de cristal y tras ella pendían unas cortinas de tiras de tubitos de plástico naranja. En el centro, algunas de las tiras se habían quedado enganchadas en el cartel de “cerrado” dejando una rendija a través de la cual se podía ver el interior. Vieron a un sujeto apuntando con un arma a una mujer que se encontraba detrás del mostrador, posiblemente sería la esposa del estanquero.

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Carta de presentación, de Pilar Valderrama

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“SISTEMAS DE PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO PARA LA PRODUCTIVIDAD DE LOS SUELOS VOLCÁNICOS”

Lanzarote, 11 de septiembre de 2015

(A la atención del director general de recursos humanos)

A través de esta misiva me presento:

Mi nombre es Ambrosio Oliveros Gutiérrez, soy ingeniero industrial, tengo treinta y cinco años, y me gustaría aplicar mis conocimientos en su prestigiosa empresa.

Hace ocho años que finalicé los estudios, y la verdad, no le voy a mentir, hasta ahora no he tenido la oportunidad de adquirir experiencia en este rubro. Pero debo hacerle constar que soy una persona creativa y optimista, y creo que mi aportación constituiría una proyección muy positiva, además tengo disponible todo el tiempo del mundo.

Mi periplo laboral se ha limitado, hasta ahora, a contrataciones a tiempo parcial en múltiples y variadas disciplinas, y la verdad, como se indica en mi currículo, ninguno relacionado directamente con la ingeniería. Sin embargo, en todos y cada uno de ellos intenté contribuir aportando mis conocimientos.

Como ejemplo, a continuación realizo una somera descripción del último de mis trabajos:

La pasada temporada estival presté mis servicios en el chiringuito “Pepe playa” de esta ciudad. A raíz de mi trabajo de pinche, desarrolle un proyecto para la cocción de las “papas arrugás” minimizando los gastos de su elaboración. Consiste en un hornillo estilo camping, cuyo combustible lo constituye medio kilo de piedras volcánicas refractarias, calentadas por dos microplacas solares construidas con el material desechable de las fabricadas de mayor tamaño para uso doméstico.

Le enumero otros proyectos que pueden ser también de su interés: “El minimizador eléctrico de heces caninas” –lo desarrolle cuando trabajé como barrendero-; “El anillo magnético elevador de la tapa del wc” –éste cuando vivía con mi novia-; “El llamador de las llaves olvidadas” –lo realicé a petición de mi madre-.

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Delirio estacional, de Elisabeth Luque

primavera

El sol comienza a invadir nuestros cuerpos, que poco a poco despiertan del invierno. Los olores se vuelven más intensos y las tardes más naranjas. Pasamos por una progresión de blanco y negro a color. El calor parece desorientarnos y los cuerpos se excitan. En los momentos de ascenso emocional el pudor vuela y empezamos a sentirnos más cómodos desnudos, porque la naturaleza no entiende de tapujos. Nos llegan a la cabeza nuevos horizontes que con el cielo despejado parecen más cercanos y alcanzables.

En muchos momentos nos vemos obligados a luchar contra la intranquilidad de nuestras cabezas, porque la química sobrevuela el ambiente y la física los cuerpos. Sacamos las bocas al viento sin saber que inhalamos un aire adulterado, corrompido por dosis demasiado altas de adrenalina. Los glóbulos rojos colapsan las arterias y al chocar entran en ebullición. Por eso las pieles enrojecen desprendiendo un vapor que alimenta voluntades ajenas. Pero nada nos sacia y aguardamos una luna que no sofoca, sino que enciende más y mejor.

La naturaleza se encuentra en su punto más álgido, la materia lo siente y hasta el más mínimo organismo comprende el sentido de la existencia. Tan solo nos queda desplegarnos ante ella, desarrollarnos, hasta dejar que el estío venga a calmarnos. Esa es su misión: agotarnos, prepararnos para el anestesiante sueño que es el invierno. Porque al final, ella es la vida, el rojo en las venas, el dolor que cura y el verde que alimenta: bienvenida primavera.

 

Flores de papel, de Silvana Centurión

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Construíamos calas artesanales, usando el cilindro restante del papel higiénico.
Así comenzó nuestra historia, días de amigos y sueños; éramos unos cuantos, quince o más, algunos padres también ayudaban.
En aquel concurso sacamos el tercer premio a la mejor carroza primaveral.
Nuestro romance duró lo que duró el concurso poco y nada.
Será que nuestra adolescencia jugó con nuestros tiempos; al principio todo era genial… música, chocolates y besos…
De un día para otro aquella performance deliciosa, se esfumó.
Cuando nuestra mejor amiga comenzó a ver lo increíble que tu eras.
Así que fue por ti y yo me quedé con aquella primavera.

Microcuentos reales sobre el amor verdadero, por Laura R.S.

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  • DESCRIPCIÓN GRÁFICA DEL PARAÍSO.

Paula llega a casa después de estar cinco días fuera, cuando está en la cama Diego la abraza y el gato se estira encima de su barriga, entonces Dios desciende del cielo y le dice: “Eso que estás sintiendo dentro del pecho que te provoca tanto placer y te dibuja una sonrisa de oreja a oreja se llama gozo. Es una emoción positiva que llega para sumar en tu Felicidad. No la olvides”.

Paula se queda dormida dando gracias por la suerte que tiene.

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Himno a mi gato 2.0, de Laura R.S.

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Cuando los ídolos caigan de sus tronos
sin haber librado batalla
cuando ame sin la necesidad de ser amada,
cuando el respeto simple y sencillo
no halle consecuencia alguna,
entonces vencerá el desapego.

Con estas ideas le puse punto final a la teoría del desapego. Me llevó el tiempo que pasó desde el nacimiento del gato hasta que cumplió su primer abril el integrar toda esta información y es que no es fácil desaprender el insidioso apego con el que nos han colmado el cerebro desde la infancia. Podemos tenerlo todo pero nada es suficiente para el egoísta que todo lo quiere. Cuando esta clase de epifanía caía sobre mi nuca y pensaba que no podría cambiar mis trágicas costumbres… lo conocí a él, el gato que me acompaña, nuestras miradas se fundieron y creí escucharlo telepáticamente, ególatra de mí creí que estaba necesitado de una adopción cuando era precisamente al revés, ahora siempre digo que nos adoptamos mutuamente. Conviviendo con un animal felino puedes aprender demasiado, te prepara para la vida mejor que una carrera universitaria, esto es mucho decir viniendo de una amante de las rutinas perrunas, puedes llegar a aprender a amar sin necesitar, a no permanecer en el mismo lugar cuando no queda nada para ti allí, a no juzgarte a través de los juicios de los demás, a usar el orgullo de forma honesta y sana, a hallar amor propio donde antes sólo estaba el eco de tu malograda autoestima e incluso, si fuera necesario, a lavarte cada día.

Tu jardín, de Miriam Aparicio

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Sal de ahí, de esa oscuridad en la que te escondes. Hay un jardín vivo y de luz de colores que te acompañará. Te guiará y te protegerá desde el amor y la ternura: la cueva aísla del exterior y los días pasan respirando a medio pulmón.

El negro te engaña y jugando con su matiz atrapa adeptos confundidos. Levanta, deja tu hogar de pena y abandona las pinturas de música en las paredes rocosas, recoge tus enseres en un saco y vayamos al jardín.

En este saco de tela dura y roto caben los recuerdos que te llevaron a la cueva. Construiste tu altar de las oraciones del desamparo que te ayudaban a creer que con la protección de tu interior nadie conseguiría herirte. Esa convicción te ha resguardado de los sentimientos y de la mitad de las vivencias haciéndote creer que así llegarías a tu triunfo sano y salvo.

Pero te perdiste la plena conciencia de los regalos de la vida: los aprendizajes que te ofrecen los disgustos, los escondiste. El dolor te enfundó en un traje de malla de hierro con un escudo y una espada colgada a la espalda. El ataque y la defensa es un viejo mito, la mejor estrategia de supervivencia y éxito.

Deja el saco a la entrada del jardín y desnúdate de tu ropa oscura. Camina sobre la hierba fresca sintiendo el contacto de la planta de tus pies mientras hueles a naturaleza. Escucha el silencio celeste. El vuelo de los pájaros y la libertad del viento que invita a un esperado baile de hojas acompañado del agua de un riachuelo.

Cierra los ojos, un cordón dorado y resistente desciende desde la unión de tus dos caderas hasta el centro de la tierra. Un lugar energético con mucha fuerza que te arraiga al vigor de la tierra madre, te forja de seguridad en tu estancia en esta vida. Deja caer un sol dorado sobre ti lleno de energía y protección que te cubre desde la cabeza hasta veinte centímetros por debajo de tus pies. El cordón y el sol te mantendrán en tu centro lleno de amor y calma proyectándote a la vida con el poder de mantenerte en el jardín llueva, truene o reluzca el sol.

Reflexiones sin Delmira Agustina, por Laura R.S.

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A veces pienso en cuánto daño ha hecho Romeo

y cuánto daño ha hecho Julieta,

incluso a ti Delmira, ahora no puedes negarlo ni afirmarlo

pero creo que confundimos Belleza con Amor demasiado tiempo,

Belleza poseías entre las líneas de tu poesía,

yo misma hubiera sucumbido, ¿por qué no?

Al desborde de Los Cálices Vacíos.

Confundió Enrique Posesión con Amor, ¡qué pena!

Quiso contenerte, eso me dice la intuición,

sin saber cómo perdió los estribos,

siendo él tan versado en tales costumbres,

¡¡es tan grande la diferencia entre amante y amarte!!

Pienso en cuánto daño nos ha hecho Romeo

y cuánto daño nos ha hecho Julieta,

jugando a matarse sin saber todavía si se amaban o se temían.

Supongo, Doña Agustini, que le debo un gracias,

por haber estado ahí, significando tanto,

porque hizo y deshizo como le vino en gana,

porque las brujas o nos aunamos en torno al fuego

o nos queman con él,

y yo siempre preferiré que me alumbre.

20 de Abril de 2016.

Pez luminoso, de Miriam Aparicio

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Habían empezado a colarse los primeros rayos. Pez Luminoso pensó en pasearse por las brisas de mar; para darle chispa al viaje, decidió jugar a las descripciones fusionando los cinco sentidos. Le parecía interesante ese arte de mezclar la vista con el oído o el tacto con el gusto y el olfato. Pez Luminoso vivía en un mar azul de rincones encantadores para perderse y olvidarse de la realidad.

¡Empecemos!” – gritó emocionado.

Emprendió su camino con los sentidos como girasoles en búsqueda de su sol.

Hoy es un día amarillo cálido -se decía Pez Luminoso-, las altas temperaturas de verano se palpan sonoras. Diviso una familia de rapes esponjosos; a su alrededor, pequeños peces con bocas azul marino y cabezas verde pepino, se mueven a una velocidad gustosa, giros limpios y centímetros de agua alcanzados en un tiempo récord. No consigo atraparlos, se fueron y solo los rapes mullidos disfrutan de su paseo silencioso.”

Sigo avanzando y… ¡Oh! ¿Qué escuchan mis orejas femeninas? Música ardiente de un concierto de caracolas marinas que me despierta el amor rojo en mi corazón de fresa para mi querida Rosa Rosada. Enamorado me tiene. Su imagen me provoca suspiros brillantes y palpitaciones chispeantes ante su cola de abanico ondulada. Ay… ¿quién pudiera volver a rozar esas aletas perfumadas? Dulce mirada y sonrisa perfilada, yo me derrito ante tus palabras. ¿Dónde estará Rosa Rosada?

A mi derecha un campeonato de caballitos de mar, esbeltos y estirados, esperan en la línea de salida. De repente, una trompeta estresada suena histéricamente y los caballitos atléticos arrancan como si no hubiera un mañana avispado. El agua frágil se mueve de un a lado a otro y un remolino terco me absorbe hacia sus adentros y giro y giro como una peonza alborotada. Consigo frenar la lavadora marítima necesitando un minuto para estabilizar mi mente de batidora. Cuando recupero mi equilibrio azul, me topo con un ligero sonido de melodías negras y letras duras. Un grupo de peces mandarines y camarones mantis llevan colgantes ácidos y pañuelos agresivos en la cabeza. Rapean y batallan mostrando su lado más salvaje en el callejón masculino número siete gris. Mejor me desvío por el diez naranja para tomar la salida de la doce lila.

Mis ojos festivos siguen observando rincones fantásticos y el cruce de cables me divierte muchísimo. Ya he llegado a mi punto de partida y veo mi casa de aroma tropical. Por la entrañable ventana aparece mi madre, abriendo el horno. Prepara galletas abrazables, esas que tanto me gustan. Es morderlas y viajar en una nube de azúcar al cielo celestial. Entro a mi hogar inocente y recibo una noticia: me acaban de regalar una tarde jamón jamón. Hoy bajo al infierno jovial en un Ferrari rojo, Rosa Rosada viene a merendar galletas luminosas.”

Y es así como nuestro protagonista cerró su juego cándido de curiosear un ingenioso lío de sentidos, para decidir empezar un recreo más tórrido y ardiente.

En silencio al horror, de Miriam Aparicio

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Yacía en el suelo el cuerpo de Delmira Agustini. Su vestido blanco manchado de sangre tapizaba la superficie de madera.  Frente a la ventana un escritorio abandonado acompañaba su alma corrompida. El vientre tintado expande el rojo por la fina batista bañando en dolor la alcoba del secreto. Al lado, la silla tumbada que llevó a Enrique a lo más alto de la habitación. Su cuerpo como un péndulo seguía aún en movimiento encima de los pies de Delmira. Y la ventana desnuda asoma al mundo que la obsesión se vistió de amor y la soledad llamó en silencio al horror.