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El terrorista literario, de Daniel Henares

Me gustaría comunicarle, siempre escribiendo bonitamente, lo siguiente:

Este escrito está escrito por mí. O sea, yo. Aclarado este punto y sin esperar despunte, punteemos el próximo tema: el motivo.

El fin de esta carta tan hermosamente adornada, es, por decirlo jodiendo: convencerle de la necesidad de un convencimiento tan necesario. Así pues y por tanto, no queda sino, una vez más (o menos) decirle un par de cosas, o puede que tres. O incluso cuatro.

Lo que viene a ser realmente y francamente desagradable, o puede que francamente y realmente desagradable, quién sabe.

Sea como sea, váyase a la mierda.

Y de paso, muérase. Pero para ese lado, que aquí estoy yo.

Cabrón.

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Fobias, de Daniel Henares

sala de espera

Todo por un pinchazo. Y ahora estoy aquí, en esta sala decrépita, sosteniendo una revista del corazón que anuncia la boda de un famoso fallecido hace años. Mirando como parpadea la luz del techo y esperando con ansia que me llamen. Y todo por un pinchazo. Si hubiera sido culpa mía al menos, pero no. La culpa fue de mi peluquero que me arrastró para siempre a una vida de desdicha y desgracia. Puede que no me crean pero ya me da igual, siempre es lo mismo. Mientras miro la revista amarillenta veo en la foto de portada, en una esquina, las antiguas farolas que había antes, las de hace veinte años. Recuerdo que había una igual donde ocurrió todo.

En aquel entonces yo era un joven lleno de ilusiones, tenía una entrevista de trabajo esa mañana, así que fui temprano a mi peluquero, ya que había sacado cita previamente. Llegué y estaba cerrado, después de un rato esperando el quiosquero de al lado me dijo que el peluquero había tenido un pinchazo de camino y que no podía venir. Realmente fastidiado pensé alternativas. Y entonces tomé la decisión que cambió mi vida para siempre: ir a la peluquería del barrio de al lado. Lee el resto de esta entrada

La propina, de Daniel Henares

carretera_vacia

Fragmentos de conversaciones del plano alternativo X93.

—Bueno ¿vamos a estar conduciendo todo el día?
—¿Ves ese restaurante elegante a la orilla del lago? ¡Vamos, te invito!
—No vayas a hacer ninguna trastada ¿vale?
—Confía en mí.

—No has dejado propina ¿verdad?
—La habitual, una bala y una carta de amor.
—Lo sabía. Encima hoy es San Valentín.
—Sí, le he puesto un lacito.

—¡Mira por el retrovisor! ¿Aún nos siguen?
—Creo que los has despistado… ¡Oh no! ¡Ahí están!
—Tira los clavos por la ventanilla.
—No va a servir de nada, son de algodón de azúcar.
—Estamos jodidos.

—Oye ¿has visto cómo brilla el cielo? Qué hermoso día.
—Hermoso día para morir, no sé si oyes las balas peinándonos.
—Ya acelero. Como iba a saber que el restaurante era de la sanguinaria
mafia de Benamocarra.
—Alfarnate.
—Que no, que los de Alfarnate se han unido a los yakuzas de Torrox.
—Esos son de las triadas cabreras de Benamocarra, te lo digo yo.
—Demonios. Pinchazo.

—¡Corre carajo! Allí hay árboles, no pueden entrar con los coches. ¡Rápido!
—Uff, si no llega a ser por el body-step no aguanto el ritmo.
—¡Mira una cueva!
—Esos cabreros vuelven a los coches, parece que se van.
—Metámonos en la cueva por si acaso.

—No se ve nada, enciende el mechero.
—¿Y toda esta gente quiénes son?
—Somos la camorra de Algarrobo y justo íbamos por un par de rehenes.
—Desde luego hay días que salen las cosas ya hechas.
—¿Has pagado el Ocaso?
—No.
—Mierda.

Sonido de estática permanente.

Fin de la emisión.

[Registro captado por el receptor D54KA que orbita Urano, según estimaciones la señal proviene de más allá de Andrómeda. Parece haber sido amplificada de forma azarosa y  teóricamente imposible y proviene del micrófono de un Nokia Lumia tipo ladrillo. Por qué existe un Nokia Lumia más allá de Andrómeda es algo a lo que nosotros los miembros de la NASA no podemos responder.]