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Como moscas, de Marga Dorao

Atontados como las moscas en otoño Dos gotas y salen todos los ineptos inútiles inadecuados inhóspitos innato inanición A veinte por hora Moscas que chocan contra la pantalla de la lámpara del salón La roja Que no me gustaba nada Por qué la compraste Era horrible Moscas en otoño zigzagueando No como las golondrinas que vuelan recto y en picado y el mar las llama Me gusta el mar pero luego no voy Por qué no voy Es la falta de costumbre Me gusta pero igual no tanto Si tanto me gustara iría más O no Es bonito el mar No sé por qué no voy más Me pasa con tantas cosas Museos Por qué no voy Siempre con miles de exposiciones pendientes y no voy A veces sí a veces no Por rachas Regálame este cuadro No puedo es de mi madre ya lo te he dicho cincuenta veces Por qué siempre me dices lo del cuadro Es de mi madre Anda Regálamelo No puedo Es de mi madre Vaya Pero si ya lo sabes Y lo del teatro A ver si voy también Hace un siglo que me lo dijo daniel y no le volví a llamar Pero lo haré Claro Como aquellas dos veces que fuimos a eso que no recuerdo bien cómo se llamaba de madrid Por la riviera Qué era Lo buscaré Era gracioso pero no recuerdo el concepto bien Sí recuerdo que me gustaba y no volví nunca

NUNCA

Nunca no es jamás No tiene por qué serlo Nunca es ahora no Pero mañana pueden cambiar las cosas y con jamás no Jamás es jamás Ahí no hay nada que hacer Nada que hacer cuando llegue Nadie con quien hablar porque no conozco a nadie Y seguro que empiezo a contarle mi vida a cualquiera Como me pasa con marián y elena Aunque las conozco desde hace tanto Pero me miran así sin contestar como esperando más y yo voy y les regalo la información que no me han pedido explícitamente Pero sí con los ojos o jugando sin querer con mi incomodidad hacia el silencio con ciertas personas Que con otras es maravilloso el silencio La soledad acompañada le decía carmen posadas Maravilloso era contigo callar o hablar o cualquier cosa Qué alto el pedestal en el que te he puesto Ya basta Ya subo yo Baja que estoy harta ya Cansada Y la manía que tienen ciertas personas de dar consejos cuando no se les ha pedido Que pase página ya Claro Si tú hubieras tenido en tu vida medio Sólo medio silencio de esos de los cómodos con alguien De qué me ibas a estar diciendo esto con tanta ligereza Me imagino volver a hablarte y sería algo así como Por qué has dicho eso y yo diría No sé y entonces tú mirarías hacia abajo y No Borra eso Yo no diría no sé porque entonces se generaría un silencio de los incómodos y eso No Yo diría sí lo sé y tú también y basta ya de tonterías Y aquí el problema está en las malditas canciones de amor Qué daño nos han hecho Todas ellas Qué gran problema las canciones de amor Que nos las hemos creído todas a pies juntillas Qué estupidez Pero de las gordas Es como decía mi terapeuta Que siempre me reía de sus ocurrencias Hay que amar con corazón de mujer No de niña Que las niñas lloran cuando escuchan canciones tontas y no es así como hay que afrontar las cosas Hombre y Qué cierto es La verdad Tengo que pedir hora Me había olvidado No te olvides de pedir hora Ya voy llegando y no quiero Qué lenta va hoy la ciudad Como las puñeteras moscas de otoño Qué interminable el camino hacia un sitio al que para colmo no quiero ir Si es que por qué no me doy la vuelta y ya está Date la vuelta Nomás si fuera argentina diría eso Ché Date la vuelta nomás Piba y me la daría Pero no lo haré Porque hay que hacer esfuerzos y eso dicen Qué se yo Hay que Hay que Qué demonios quiere decir Hay que Será tienes que Hay que es para cualquiera Y si no me quiero dar por aludida qué Pues eso Hay que hacer esfuerzos Y ahí andamos Nomás como moscas Y ahí andamos Nomás como moscas Y ahí andamos Nomás como moscas en otoño Pegándonos contra las lámparas coloradas del pasado.

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Radio teatro: Don Juan o la redención tiene nombre de préstamo

Este verano colaboramos con Onda Azul Málaga en una serie de entregas de radio teatro y relatos radiofónicos. Aquí tenéis la primera entrega, “Don Juan o la redención tiene nombre de préstamo”, una divertida versión del Tenorio al más puro estilo malaguita.

La obra escrita por Marga Dorao y Amor de Pablo, fue leída y dramatizada por Santos Moreno (Juanqui), Laura Cerezo (Comendadora) y Amor de Pablo (narración), la grabación corrió a cargo de Celia Bermejo. En el siguiente enlace la podéis escuchar:

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El profesor, de Marga Dorao

One science teacher who had been classed as ‘outstanding’ on his training was asked to quit

Jirantofado, el profesor caminaba despabullándose con sus enormes pódulos a través de los enloginantes prisorios. Los irifantes parecían especialmente prosenteros aquel día. Había blanquijonado, y en el patio del jalerío no se apreciaban más que estulas gollupas y un constante consfriterío: los minetos y las minetas escrechían de forma un tanto enfoscante mientras, con sus pequeñas grerefiñas entoraban ofulerrísimos camacos de selione, adornándolos con brillantes jarrañas que habían robado de la cocina.

-¡Maestro! ¡Maestro!- girillaban sus oropéndolos desde detrás de la estañera. -¡Venga a jurrinar con nosotros, maestro!- insistían.

Pero Rodrigo, que así se clemaba el prelitor, pasó de largo sin exarebarles y se irrundió en los polarios situados al final del prisorio. Ferrudiendo la norpelia crifla entre sus gerefiñas, Rodrigo comenzó a esplariar sin control, y continuó esplariando hasta que ya no le quedaron más globias que desoremar. Con dificultad, se levantó de los polarios y se volvió a dirigir al patio. Miró a los irifantes con expresión de gollufa, cogió un pullero de selione, lo redondeó, y lo lanzó hacia ellos con todas sus plomias gritando: -¡Idos a fromar por crélio, protusferos!-. Al ver la cara de estrufencia de sus oropéndolos, se jarjareó fuertemente, se sacudió los restos de grefa en su raída salera, y se alejó de allí mucho menos jirantofado y ya, sin despabullarse.

 

El valle, de Marga Dorao

valle

Sus pasos sobre la nieve iban emitiendo crujidos cada vez más espaciados. Cuando salió de casa de Thomas eran decididos. Apenas 100 metros después sus pies comenzaron a resistirse. A mitad de camino se volvieron casi arrastrados. Si volviera atrás, se dijo, volverían a ser firmes. Pero había prometido no regresar sin antes haber sido convocada. Thomas había sido muy claro al respecto de lo que quería de ella: nada. Y ella lo había aceptado de buen grado.

Él la convirtió a su religión, una con varias adeptas a la que ella nunca creyó que se sometería. Porque someterse a la libertad, ¿no es una contradicción? El valle se alzaba tan frío como majestuoso ante sus ojos. Su conciencia trataba de imponerse, pero ella se zafaba de sus pensamientos concentrándose en la noche que se iba adentrando de forma abrupta, comiéndose las montañas a su caída. Se quedó muy quieta para sentir como el viento le cortaba la piel. Tras sus párpados cerrados firmemente, se sentía, azul.

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Naturaleza muerta, de Marga Dorao

natura

Eugenio apagó la televisión y, muy quieto, contempló como el infinito de la pantalla se veía interrumpido por las ascuas de su último cigarrillo. Lentamente, se levantó, fue a la cocina y vació la vida de su cenicero. Arrastró los pies hasta su habitación, se desnudó y abrazó a la almohada entregándose, sumiso, a su destino.

Radia, de Marga Dorao

crimen

RADIA

El exestudiante Rodión Romanovich Raskolnikov lleva más de una semana sin dormir. Aún recuerda con total claridad el momento en el que hendió el hacha en las carnes de Aliona Ivánovna. Viejas. Blandas. La hoja entró como un cuchillo en la mantequilla, Yelizabetha no hizo ruido pero sufrió el mismo destino. Todo huele a hierro. Febril, Raskolnikov, exestudiante de Derecho, sufre la suerte de una culpa que no creía destinada a él:

Soy un superhombre.

Pero no lo era. Nadie en sus cabales puede creerse un superhombre, un hombre extraordinario, tras asesinar a hachazos a una vieja usurera y pestilente que, después de muerta, no le parece al estudiante tan miserable, ni tan anciana, ni tan hedionda. Y a su hermana, la buena de Yelizabetha, víctima circunstancial de un crimen que recibiría su correspondiente castigo.

El exestudiante de Derecho no se considera ya digno de una carrera así. Qué Justicia podría aplicar él después de lo que ha hecho. Y para qué, se pregunta al final. Para sentirse tan tan abominable que no quiere nada de lo que ha robado, lo tiraré cuando sepa dónde, lo haré. Si Pulqueria le viera, si Dunia lo supiera. Si se lo contara a Sonia… Sonia le diría: entrégate. Y así fue, eso le dijo. Cuando por fin se decidió a contárselo; pero antes vinieron las fiebres y los días sin fin y las imprudencias y las impertinencias y el hablar más de la cuenta y las confesiones sardónicas a los cuatro vientos y los sudores fríos y las semanas bajo unas sábanas que si no apestaban era porque Raskolnikov había perdido el olfato. El gusto. Las ganas de sentir cosas. Buenas o malas.

Si la sociedad estuviera bien organizada no se cometerían crímenes, dicen los socialistas. Qué forma de justificar la mezquindad humana, como si no la lleváramos dentro, como si los ricos no fueran malvados también. Como si no se cometieran crímenes por motivos que nada tienen que ver con la sociedad, con las injusticias, como si no se matara en nombre del amor, de la religión, de locuras en definitiva, locuras no relacionadas con la estructura social. Dios mío, yo, que no rezo, yo que no creo, o no sé si creo ¿y si me encomiendo a ti? Ha sido una locura pero ha sido por amor a mi hermana y ¿eso se perdona, socialistas? ¿O eso no? Padre, perdóname porque he pecado. Claro, hijo, no era tu intención, descansa tranquilo, no has hecho nada malo, reza un poco anda, reza y sigue matando que yo te perdonaré siempre, estudiante, eres inteligente, no puedes tener maldad, los estudiantes no matan. Los superhombres no matan como los demás, como los hombres medios. Napoleón no era un criminal, los superhombres se saltan las leyes y las modifican y no son sus crímenes crímenes reales porque son superhombres, hombres extraordinarios y yo también, yo lo era. Lo fui, claro que lo fui, estudiante de Derecho, un hombre de ideas claras, inteligente, un hombre destinado a ser por encima de todo y de todos y por encima del porvenir y de las normas promulgadas por los hombres del pasado.

Raskolnikov se siente fuerte y a la vez repugnante. Su soberbia, -aunque no la manifestación pública de la misma-, se pliega más y más cada día cuando piensa en la vieja asesinada, en la hermana de la vieja asesinada, en Dunetchka que va a casarse con un hombre al que no ama para que él pueda seguir estudiando y cómo creerse un superhombre así. Radión es un desecho. Ve a confesarte, Radión, Radia, es lo mínimo. El cura no dirá nada de tu crimen. Y si lo hace siempre puedes matarle, ¿verdad? No es tan difícil, estudiante.

Entrégate, entrégate, Radia. Expiarás tus culpas en un campo de trabajo de Siberia, no es tan malo, el frío extremo calmará tu desasosiego y ya no tendrás miedo porque tu vida entera estará teñida por la vergüenza que no sientes y no tendrás nada que perder, y no hay mejor vida que la perdida enteramente, la podrás reconstruir algún día, qué alivio eso, mejor eso que seguir construyendo sobre estos cimientos ensangrentados y manchados de arrogancia.

O podrías ir, Radia, a uno de esos doctores que estudian el comportamiento humano, poco se sabe de eso aún, estudiante, pero tú sí lo sabes, verdad que sí porque tú lo sabes todo, que para algo estudias Derecho y matas viejas y elucubras sobre la legitimidad del crimen delante de filósofos, inspectores de policía, amigos y familiares deseando, en el fondo que todos sospechen de ti, que te atrapen, que te manden a Siberia que sólo allí todo se calmará, todo se quedará en blanco blanco y quizás Sonia te espere. Y quizás será mejor, sí, que me entregue. No me siento culpable. No lo soy. Sólo he derramado la sangre de un gusano pero expiaré esta culpa por los que me quieren.