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Moisés Vallejo

Moiśes Vallejo Aranda, Málaga, 1982.

Duermo poco, muevo mucho las manos cuando imparto clase y tengo la manía de mirar hacia abajo en las conversaciones; pero lo hago sin querer, no se lo tome a mal.

Soy experto en leer. No, en analizar lo que leo no: nunca me entero de nada y me gusta casi todo, no tengo filtro. Pero concentrarme en cualquier lugar o situación, eso se me da genial: tumbado en la cama o el sofá, mientras cocino, en el bus o el metro, caminando, sentado en una caseta en mitad de la feria… Yo ahí, en mi libro, nada me estorba. El cine se me da igual de bien: me siento con la espalda recta y casi ni parpadeo durante la proyección. Ah, y me siento en mi butaca, como tiene que ser: ¿no le da rabia entrar en la sala y que haya alguien en su asiento? ¿Qué le cuesta a la gente mirar la entrada y ver dónde tienen que sentarse? ¡Si querías otro lugar, haberlo pedido en taquilla! No, en serio, ¿qué le pasa a esa gente?

Toco la guitarra desde pequeño, he interpretado con varias agrupaciones diferentes estilos y, desde hace diez años, soy profesor de guitarra clásica y eléctrica en una Escuela de Música. Pero vamos, cada vez que me llaman “guitarrista”, “músico” o “profesor” me da la risa floja, no me lo creo ni yo. Escucho música varias horas al día, y continuamente necesito reflexionar sobre ella, encontrar nuevas conexiones que me permitan disfrutarla más. A pesar de la vergüenza, me gusta dar clase: explicar los contextos, la historia, la estética, pero tambien lo que hacen nuestros sentimientos y pasiones con toda esa teoría. Al final de cada clase me digo a mí mismo que soy un egocéntrico por pensar que transmito algo a mis alumnos y creer que mis opiniones merecen ser escuchadas por los demás. Y así llevo mi trabajo, con alegría.

Estudiaba el último curso de Guitarra en el Conservatorio Superior de Málaga y también Historia del Arte por la UNED. ¿Cómo, que cuándo pienso acabar alguna de las carreras? ¡Cuidado, detrás de usted! (Sale corriendo).

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