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La documentación, el recurso literario subsconciente

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Vamos a realizar un ejercicio de comparativa. Cogemos dos libros, uno de los siglos pasados y otro actual. A priori podemos ver que la primera diferencia en el tamaño. Pero, no es sustancialmente algo exclusivo del pasado, sino que tenemos que bucear dentro. En sus páginas podemos encontrar la mayor de todas las grandes diferencias: La descripción.

Ahora, viviendo en un mundo de imágenes, no no hace falta que alguien nos describa cómo se realiza la siega del trigo, como en Anna Karenina de Tolstoi. Pero en el pasado, sí que era necesario, explicar a las clases acaudaladas el cómo vivían y qué hacían las demás y menos favorecidas. Este hecho, tan aparentemente insignificante, hace que despreciemos algo esencial: LA DOCUMENTACIÓN.

Siempre indicamos en nuestros talleres de escritura creativa que realizamos en la Librería Proteo de Málaga, que partimos con una ventaja. Al vivir en éste mundo conectado y de imágenes, vivimos sin darnos cuenta sumergidos en un proceso constante de documentación.

Ya no nos hace falta investigar cómo es Nueva York, o cómo el interior del palacio de Versalles. Lo vemos en películas, fotografías, documentales… Y eso, queramos o no, es un proceso de documentación que realizamos sin darnos cuenta.

Pero cuidado, no podemos caer en la trampa tramposa, de confiarnos. Es muy conveniente leer y empaparnos sobre aquello que deseamos escribir. Misterio, terror, romance… Leer a varios autores, incluso varias épocas y de otros países nos ayudará a expandir nuestros conceptos y mejorar nuestro estilo literario.

Artículo redactado por Jonatan Santos, monitor de talleres Mitad Doble.

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¿Es necesario documentarse?

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Cuando te metes en la cocina, con plena decisión de hacer un pastel, coges o bien el libro de cocina, o te pones el canal de cocina en la televisión; o incluso ahora, abres la aplicación del móvil o tablet. Haces: el bizcocho, el relleno, los adornos,… Nunca, nunca, se te ocurriría ponerle para experimentar cosas como: un puñadito de detergente de ese que dice que lo deja todo esponjoso, un chorreoncito de lejía para dejar la nata blanca blanca… Claro que no lo haríamos, son cosas de lógica. Pero tampoco, si nunca hemos hecho un pastel, improvisaríamos sin tener una pequeña noción no sólo del CÓMO sino del CON QUÉ hacerlo.

En los talleres  de escritura creativa, enseñamos el cómo cocinar la idea. Mediante diferentes técnicas conseguimos batir, espesar la masa o incluso hacerlo sano y que no engorde. Pero algo que se nos vuelve esencial es el con qué, la lista de ingredientes para poder llevarlo a cabo, es precisamente, la documentación.

La documentación es un proceso que, al igual que en la corrección, puede ser tan largo como nosotros así lo queramos. Y por ello un punto muy importante es que tenemos que aprender a cerrar. Ya que es muy sano el poder poner un punto final a todos nuestros procesos literarios.

A los que piensan: En las historias inventadas, o de fantasía, no hace falta tener ese proceso.

ERROR, sí que hace falta. Quizás en menor medida que una historia basada en hechos reales, o de formato histórica. Pero sí, porque nos ayudará a enriquecernos, descubrir recursos y darle coherencia al texto.

Artículo redactado por Jonatan Santos, monitos de talleres Mitad Doble. Imagen de Jonatan Santos