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Las funciones del punto de vista de la narración

En el taller de escritura se suele plantear mucho esta cuestión. Vamos a analizar en este post las funciones que tiene el punto de vista:

1) Presenta la información que vamos a ofrecer al lector:

No es lo mismo contar la historia desde el enfoque personal del protagonista de la misma que desde fuera, conociendo los pensamientos e intenciones de todos los personajes. La información que recibe el lector en el primer caso es subjetiva y parcial, lo cual puede ser conveniente para determinados tipos de enfoques, como por ejemplo unas memorias, donde lo interesante es cómo vivió la persona que escribe lo que le pasó; en el segundo caso la información se ofrece de modo objetivo e imparcial, algo útil cuando se quieren analizar unos hechos sin tomar partido por un personaje concreto.

2) Delimita el grado de implicación del narrador en la historia.

Un narrador que nos hable desde fuera de la historia siempre parecerá más objetivo e imparcial que un personaje que esté dentro de la misma. Introducir al narrador en la historia puede ser un recurso adecuado cuando nos ponemos en la piel de un hijo de Ghandi, pues con ello podemos conocer de primera mano las interioridades del dirigente indio; en cambio, si nuestra intención es contar su vida desde un punto de vista más objetivo, una narración aséptica nos informará de las circunstancias de la misma.

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3) Acota la intervención del narrador en la historia.

Puede interesarnos que el narrador esté presente en el texto o totalmente omitido, pareciendo que no existe. Cuanto más intervenga el narrador, más subjetivo nos parecerá su opinión; cuanto menos aparezca, más presunción de objetividad le daremos al texto.

Artículo redactado por Augusto López, monitor de los talleres de Mitad Doble.

(Fotografía: Jardín vertical en la Plaza de Pericón, Málaga).

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El punto de vista de la narración

Hoy nos vamos a centrar en  una herramienta creativa fundamental: el punto de vista de la narración. Cuando explicamos en una sesión del taller de escritura este concepto, solemos posicionarnos en una situación cotidiana, como podría ser la siguiente:

Imagina que tienes una vecina de vida envidiablemente disoluta. Vive de noche, pasea a su perrito por las tardes y las pocas mañanas que te la encuentras te saluda distante y feliz, envuelta aún en los vapores de alguna fiesta perfecta. Es la reina del bloque, de la que todos hablan: es ella.

Los murmullos y cotilleos en su derredor cada día se acrecientan; incluso esos rumores imprecisos te han inspirado algún texto para el taller de escritura. Ya ha habido varias noches en su piso varias veladas hasta las tantas. Silvia, la vecina de abajo, tuvo que subir a pedir silencio, sin mucho éxito por cierto. Tras este suceso, Don Dimas, el presidente de la comunidad, tomó cartas en el asunto y decidió que era momento de convocar una asamblea de la comunidad con un único orden del día: ella.

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Los testimonios se suceden. Ana, su vecina de enfrente, habituada a apostarse tras la mirilla, desgrana con precisión policial sus horarios, las visitas que recibe. Antonio, el abogado, dice que es una chica encantadora, aunque un poco alocada, lo normal a su edad. Silvia concita la solidaridad del vecindario, al exponer su audición diaria –e involuntaria– del tema “paseos interminables en el piso de arriba a las once y cuarto de la noche”. Tú escuchas, en apariencia indiferente, todo lo que dicen. No sabes qué pensar, te limitas a apuntar ideas en tu cuaderno para luego comentarlas con tus compis del taller de escritura. De improviso se presenta en la reunión alguien inesperado: ella.

Ante una concurrencia hostil, cuenta que trabaja en un bar de copas; así se paga los estudios y qué más quisiera ella que no andar con prisas para ir al trabajo, pero siempre se le echa el tiempo encima. Sí, algunas noches se pasan amigos a verla y se toman la penúltima en casa, pero ella procura no hacer mucho ruido. Y de hombres nada: su chico está trabajando en una ONG en África y ella le guarda requetebién la ausencia. Apuntas con disimulo lo que ella cuenta, es un material excelente para tus textos 🙂

Como podemos ver, en esta historia hay muchas voces, muchos puntos de vista: y es que cuando narramos algo, no sólo lo contamos, también lo hacemos desde una perspectiva. Esa perspectiva nos condiciona en la vida real y ahí no podemos escoger; pero cuando escribimos, podemos elegirla. Es lo que se viene en llamar el punto de vista del narrador, una de las armas más poderosas de la escritura y por eso, hay que conocerla bien.

Y es que el punto de vista es el lugar que elegimos para contar una historia.

Artículo redactado por Augusto López, monitor de los talleres de Mitad Doble.

(Fotografía: detalle de fachada del Convento de la Aurora y Divina Providencia de las RR. MM. Dominicas, c/ Andrés Pérez, Málaga).